Mentira de la buena.

“ Se puede engañar a un hombre todo el tiempo,

se puede engañar a todos durante un tiempo,

pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”

Benjamín Franklin

Dicen que primero se crea la luz y luego los ojos que la observan. Los grupos  humanos y sociedades son liderados por distintas formas de mirar para satisfacer una necesidad natural y específica en cada caso. Es determinante tener los ojos muy abiertos hacia dentro y hacia fuera. A veces es muy difícil distinguir las verdades objetivas, de las que están filtradas por intereses específicos, pues muchas veces estas últimas se maquillan muy bien y hasta logran pequeños poderes que pueden engañar y, “de alguna manera”, complicarnos el camino.

Sus mentiras están muy bien montadas y parecen casi reales. Por eso, es más importante mirar muy atentamente hacia adentro, hacia nuestra propia mentira, pues esta es la que en última instancia nos va a llevar a conectar por resonancia, con diferentes personas con mentiras similares.

Quien consiente que se tenga una opinión equivocada de sí mismo contribuye al error. Es importante que cada uno sea capaz de compartir sus faltas o sus limitaciones, poniéndolas por delante en vez de gastar tanta energía en tratar de ocultarlas.

Para encontrar tu verdad, primero tienes que encontrar tu mentira. Sino podemos ver la mentira en nuestro interior, será muy difícil verla afuera.

Solemos prestarnos al juego de alimentar la mentira de alguien que alimenta la nuestra en todas nuestras relaciones; el gran demonio del “quedar bien”.

Mientras no termines con tu propio autoengaño, serás presa de todo tipo de engañadores.

Debido al peso de nuestros condicionamientos, uno no puede ser honesto el 100% del tiempo. Los patrones mecánicos de pensamiento nos llevan a mentir una y otra vez, creando gran confusión. Sin embargo, casi ninguna persona que se considere normal acepta que miente. Mayormente estamos tan dormidos que no nos damos cuenta de cuando mentimos, y tenemos la autoimagen de ser personas honestas y veraces. Pero no es así, somos mentirosos patológicos, nos mentimos a nosotros mismos y a medio mundo.

Nuestra mente desarrolla tal capacidad de argumentación, que puede tergiversar cualquier situación o discurso casi hasta confundirnos.

El primer paso para ser honestos es darnos cuenta de nuestras mentiras.

El engaño y especialmente el autoengaño, porque para engañar al otro, primero hay que autoengañarse, creyendo que esa es la salida o la mejor opción. Tomamos la mentira como un simple mecanismo que nos aligera y nos alivia la vida, sin darnos cuenta de la gravedad de lo que significa mentir  para solucionar algo.

En palabras de Scott Peck: “Las malas personas construyen sus vidas en la mentira. Atacan a los demás en lugar de enfrentar sus propios fracasos, y a menudo logran engañarlos” El Mal y la Mentira © Emecé Editores SA., 1988.

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Vamos a danzar mentiras

Fuente de referencia; Tawantinsuyo 5.0. Alonso del Río