Lo bello es…

La belleza no puede ser consumida,

como la verdad y la libertad no se dejan consumir,

Lo bello es una finalidad es sí mismo.

Ningún objeto de uso, ninguna mercancía serían bellos. Les falta esa independencia interior, esa libertad que constituye lo bello.

Lo bello no hace propaganda de sí, no seduce ni para el disfrute ni para la posesión. Más bien, invita a demorarse contemplativamente.

Hace que desaparezcan tanto las ansias como los intereses.

Lo bello promete libertad y reconciliación. Así es como hace posible una relación libre con el mundo y consigo mismo. Lo bello, sobre todo, tiene que suscitar estímulos y captar la atención. Lo bello invita a demorarse, al contemplar lo bello la voluntad se retira:

 “El plácer estético que produce la belleza consiste en buena parte en que, al entrar en el estado de pura contemplación, quedamos relevados por el momento de todo querer, es decir, de todo deseo y cuidado, por así decirlo, liberados de nosotros mismos.” A. Schopenhauer.

El yo en presencia de lo bello se desprende de sí mismo.

Al sumirse contemplativamente en lo bello, el tiempo se queda quieto, el ver ha llegado a su destino. Este destino, que requiere contemplación y desprendimiento de la identidad, en el que el tiempo desaparece, es el “eterno presente”, y se refiere a “lo otro, a lo distinto”.  Lo bello cancela el poder del tiempo y sustituye el consumo de lo otro por mero disfrute y contemplación.

En palabras de Nietzche sería el arte de las fiestas, que comienzan cuando cesa el tiempo cotidiano profano, actualmente, tiempo de producción y consumo.

 “La Fiesta destruye las antiguas instituciones para situarse delante de ellas y en una posición en que se pueden inventar otras relaciones humanas o experimentar otros estados de conciencia. Desde luego, la fiesta no dura, es perecedera en su propio principio, puesto que se desprende en un segundo deslumbrante de la sucesión inevitable y biológica del tiempo. Se antoja como un momento a-histórico en la historia y a-estructural en las estructuras sociales. No desemboca en nada sino en sí misma. La extrema intensidad de las sensaciones, las emociones, los sentimientos o las ideas que suscita, la poderosa concentración de energía mental e intelectual que desprende son su propia justificación.” Jean Duvignaud

El tiempo de la fiesta está en el esplendor de la eternidad, pues nos invita a demorarnos en la experiencia sin la necesidad de evaluar o producir.

“La esencia de la experiencia temporal del arte es que aprendemos a demorarnos. Esa es quizá la correspondencia a nuestra medida de lo que llamamos eternidad” H-G. Gadamer

En presencia de lo bello, uno se comporta de forma activa y generadora, el alma se ve impelida a engendrar algo por sí  misma algo bello.

¿Qué es lo bello?

“La verdad es la verdad del ser. La belleza no es algo que suceda adicionalmente a esta verdad. Cuando la verdad se pone en obra, se manifiesta. Así es como lo bello forma parte del acontecer de la verdad, y nada tiene que ver con el agrado”. Gesamtausgabe

La verdad como verdad del ser es un suceso, que le otorga sentido y significado. Una nueva verdad pone al ser bajo una luz completamente distinta, modificando nuestra relación con el mundo y nuestra comprensión de la realidad. La verdad hace que todo se muestre de otro modo. El acontecimiento de la verdad define de nuevo lo que es real. En cuanto que acontecimiento de la verdad, lo bello es generativo, engendrante. Dar a ver. Lo bello es este don. Lo bello no es un producto, no responde a parámetros estéticos, lo bello es sobresalir la verdad resplandeciendo.

La creciente estetización de la cotidianeidad es justamente lo que hace imposible la experiencia de lo bello como experiencia de lo vinculante. Hoy en día nada tiene consistencia ni duración. Hoy nos hallamos en una crisis de lo bello en la medida en que a este se lo satina, convirtiéndolo en objeto de agrado, en objeto del “me gusta”, en algo arbitrario y placentero. La salvación de lo bello es la salvación de lo vinculante.

*Además de las citadas, otras fuentes de referencia; La Salvación de lo Bello.  Byung-Chul Han. Herder Editorial